Carmen Sampedro

La palabra hecha verso

Publicado por Carmen Sampedro

A mi hermano Joaquín…

A mi hermano Joaquín, que se fue con el trigo… La siega llegó a su fin: Hombres y mujeres afanaban el sustento de la vida. Era el mes de julio y quiso la muerte doblar tu joven talle de espiga… Sábanas frías abrazaron un padrenuestro. Carmen Sampedro Linares, julio 2017

Nuevas palabras…

Dios un precepto. La humanidad, un pretexto. Es demasiado tarde para volver a casa y cimentar nuevas palabras…   Carmen Sampedro Linares, julio 2017 Escultura de Lorenzo Quinn

Un padrenuestro…

Un padrenuestro sin pan ni perdón, no es una oración.   Carmen Sampedro Linares, julio 2017

La noche afila sus garras…

Al salir del cine de verano  todo mi cuerpo era un glaciar de miedo. Accedí a casa por la puerta del corral sorteando el crujir de ramas que bajo una luna tenebrosa, parecían huesos pidiendo sepultura o sombras deformes de crisantemos adormecidos. De repente, unas espantosas garras se clavaron en mi hombro, paralizando los músculos de mi cuerpo  hasta entrar en  letargo. Un viento ligero socorre mi razón y con

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Poesía…

Poesía: Apofenia del paraíso perdido…   Carmen Sampedro Linares, julio 2017 Pitura de Remedios Varo

Ave de escarcha

Noche glacial: ave de escarcha la palabra.   Carmen Sampedro Linares, julio 2017 Pintura de Remedios Varo

¡Allegro ma non troppo!

Nace el verso entre afinadas olas: Eterna cadencia de mar recién nacido. ¡Allegro, Allegro ma non troppo!   Carmen Sampedro Linares, junio 2017 Pintura de Remedios Varo

Caronte

Arrastra el barquero ecos enardecidos del lago de los muertos. Un estallido de huesos quebranta la noche. Despunta el alba y Caronte se aleja entre rúbricas de abismo. Un día más sin noticias de los míos. Huyen pájaros cristalinos…   Carmen Sampedro Linares, junio 2017

Tu sonrisa agónica

Tu sonrisa agónica y mis labios de sílice dos antorchas en el Templo de Afaya. Carmen Sampedro Linares, junio 2017

Tempestad: Para Beethoven

Todo lo grande está en medio de  la tempestad.          Martin Heidegger Un macillo golpea tardo y pausado la tristeza inalterable donde acunas la tempestad de tu infancia. Oh, cuánta lágrima ovalada sustancia la vida cuánto celo de planetas para tu soledad minúscula. Tu miedo es un caracol. Resbala lentamente por un precipicio de acordes con destello de faquir. Oh, eterno secuaz de la armonía: savia que detiene la efímera

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