Carmen Sampedro

La palabra hecha verso

Publicado por Carmen Sampedro

In perpetuum

Llueve  silencio en todas las piedras del mundo. Silencio de anémonas. Golpea en las gemas y en el pórtico de la palabra. Aprieta la garganta de las catedrales de todos los siglos. Silencio de Palio Casulla y Alba. Exudan las estampas agua bendita de los saurios. Vaga entre el gentío la Paloma Santa. Una virgen busca a dios por los pliegues de su vientre: Quién fuera nieve que desatara montañas

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Happy New Year!

Happy New Year! Bullicio de estrellas noche azorada búho malherido. Ángeles de la contienda sacuden recelos antiguos y blindan la madrugada con cimbeles de ofrenda. Happy New Year! Turba de sombras tardo prodigio bullicio, bullicio panes y peces un mar extinto de frío. ¿Dónde el milagro? ¡¿dónde, si los dioses ya se han ido?!   Carmen Sampedro Linares, primavera 2017 Imagen: Cuadro del pintor Ivan Pili Dietro  

Ave de pena emplumada

Por las venas de la noche trota una paloma amarga la nieve de los jazmines corona la madrugada y los candiles de almíbar besan su pico de lana. Ave de pena emplumada ayer insigne de Paz hoy el viento lleva balas…   Prenden las horas rumor de hojalata y en el verdín tejado aúllan palomas blancas.   Carmen Sampedro Linares, primavera 2017

Poema en la Nube

El mundo embriagado de dígitos duerme la resaca en el orbe denostado… Ángeles binarios curvan sus alas ficticias en el envés de la Nube   y llueven fábulas distópicas en las turbias venas del planeta…   La caverna de Platón es una multinacional con miras a la expansión donde las sombras amplían el capital.   Mientras Newton gobierna la Gran Manzana los epicúreos del yermo ponen la soledad en alza

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Nuevos acordes para el 2017

Queridos amigos: Os deseo un año colmado de nuevas palabras, nuevas formas que den color a la existencia, nuevos acordes que calmen nuestro pesar y que el amor fraternal se alce como lámpara en la tierra. Un abrazo y los mejores frutos para el 2017 Carmen Sampedro Linares, 30 de diciembre de 2016

Partitura de Otoño…

Derrama el otoño entre mis dedos su opúsculo incendiario de huesos.   La savia perturba esplendores antiguos que arrastran en penitencia la efímera memoria del tiempo: adioses perdidos en partituras claman precisión de templo. Llueven flores de tela cielos rotos de cuervos y trigo.   Nada nos advierte si aún hay tiempo de salvar la espiga     Nada nos advierte si aún hay tiempo de sabernos vivos…   Llueven

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Sortilegio

Rueda la oscuridad por los anillos encrespados del tiempo: la muerte enciende turbantes amarillos en las reliquias del cementerio y un grillo esconde su queja en el ángulo abisal del verso. Ruedan indolentes caracolas por los tejados de las luciérnagas (una araña hila tiaras lunares con espuma de tinieblas).   Lleva la noche dolor de estrella; en el recodo del alba encorva su abultada silueta y gravita su infortunio (mendigo

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¡Decidle a los ángeles que vengan!

Un grito tensa el aire en la paz de las puertas. Llega metódica y certera puntual y seria: madruga  más que el alba… y su acero eclipsa a las jóvenes estrellas. ¡Ahuyentad sus espuelas!   Los patios aún dormitan su flor de maceta y algunas avecillas se desperezan. Viene puntual y seria. ¡Pedidle que se vuelva!   El sol esconde a los niños entre hojarascas negras y gritan los crisantemos

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El mar es olvido…

Todo pretérito socava lagunas de niebla. Los dedos silencian  sus garras cautivas en la noche menguada y desierta. El mar es olvido… Mi madre amaba el mar (cantaba su eternidad) más que a todas las aves lo amaba (rezaba su infinitud) por encima de todas las criaturas. Las olas mensajeras del sempiterno azul inclinaban su cresta marina y silbaban como ondinas amarteladas en el extremo de la liturgia. Yo, la

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Salmodia…

Dios calla en la noche del hombre cierra las puertas al grito quiebra el camino cuando los ojos arden por volver a la casa del padre   y abrazar una a una las cenizas que un día temblaban como estrellas…(dulces lamparillas que prendían nuestros nombres…) y las manos entrelazaban con hilos de trigo el fraterno lienzo de la evocación.   Volver a la casa del padre   y enardecer todo

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