ÁNGELUS

Un cuerpo yace en la estancia. Frío. Cal. Huele a nada. Las plañideras entran con llanto estudiado, sinfónico, a llorar al geranio que se ha roto como el cristal, a llorar tu muerte no rezada. Parece un ángel, murmuran, y sus labios (ruido blando), entre queja y rezo, entre asombro y misterio, tejían alas para tu cuerpo tierno. Parecías, o tal vez eras, eras como un ángel, huérfano como ellos,

Continuar leyendo…