Carmen Sampedro

La palabra hecha verso

Éxodo y Syrius

I ÉXODO

La frontera

es una lengua de buey

arisca y larga.

Alambre de espino,

con flecos de nácar…

Pliegos de hierba,

y espanto,

bajo el pie dócil

y el andar cansino,

de miles de almas.

Llegan,

desde el mar

en barcas de lino

con velas de fragua…

¿Adónde iré,

que no sea perseguido?

Florecen zancadillas a su paso…

¿Adónde iré

que no sea un extraño?

Altas botas

flanquean fusiles.

Obturan el paso

y niegan cobijo

bajo la escarcha;

al clamor sin tierra,

al fruto del estrago,

sin hacienda, ni destino

ni patria…

Escombreras

de zapatos sin pareja,

evaden bulto

sin hacer ruido,

a babor del alba…

y el llanto

busca refugio

en los ojos

de un niño…

¡Ababoles claman!

Padres…,

madres…,

hermanos y abuelos…

¿Dónde están?,

¿En qué yermo se han perdido…?

Borbotea el agua…

Nadie ríe. Peces solemnes

celebran su festín

con mantel de algas…

¿De quién es esta  guerra?

¿Qué manos

arrancaron las anillas

a las granadas?

Entre nieblas juega el hambre…

Lejos de la orilla

un tren de avena

espera…

la palabra,

que ponga fin

al sinsentido

de la sangre…

La tragedia danza…

Voces coléricas ordenan:

¡Alto!

¡Qué nadie suba, sin permiso!

Escotes se agitan

junto al andén,

…y las horas pasan…

firmes,

inertes,

balanceando la pena

en el mínimo espacio

de un ladrillo

un hilo,

un pétalo de freesia…

Fragmenta, al fin,

su amargo silencio

el altavoz con timbre de martillo:

Y un temblor

estremece gargantas:

supuran pisadas,

los pasillos…

La marea gigante

se sacude con lágrimas

la arena del Tigris

de los bolsillos…

y de las enaguas…

De madrugada

la frontera se estremece,

en un surco

remoto,

de rocío.

Los sombreros brumosos

de azafrán

baten alas…

y aunque nadie ríe

y otros peces

celebren

su festín

sobre manteles violetas

de algas…;

en la cornisa bruna

de un suspiro

anida

la esperanza…

ENRIQUE J. VALDIVIA

 

 II SYRIUS

Blanco mantel que oficia

el sagrado instante:

galope de esperanza

que respira  llanto,

quiebro, latido en flor…

El milagro de abrir los ojos

y morar con la fruta, el pájaro,

el fuego, la sal, las horas de lluvia,

y el alba con su sonaja

alentándonos a vivir.

¡Vivir!

Vivir hasta que las venas abracen

su trecho de río

y ensanche en el mar

su blasón de significados.

Estampa de lo vivido

silueta adormecida…

¿Nacer?

Ni mi sombra comprende

que no basta con nacer:

Asomarme a la promesa

de que el mundo

pudiera ser mi casa.

¿Y dónde mi casa?

Ah, las luciérnagas danzan

al son de las endechas

que mi voz postrada entona,

como si yo mismo me faltara.

¿Dónde mi infancia?

El arrullo de lo amado

palpita como metal sin alma

y la albura del mantel

que ofició el sagrado instante

yace bajo los escombros

de huesos, ceniza y sangre.

No basta con nacer

cuando mi sombra

olvida mi nombre

y clava sus dientes

como una presa herida.

¡No, no basta con nacer!

En cada golpe de arena

de mi vagar sin destino

yace un grito despiadado:

¿Cómo me atreví a ser niño?

CARMEN SAMPEDRO

 

Recitado por Enrique J. Valdivia y Carmen Sampedro Frutos

Edición de vídeo: Abraham Redondo

http://abrahamredondo.es/

Linares, diciembre  2015

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